El Festín de Rizo, el Ratón Comerrey
En una selva vibrante llena de colores y sonidos, vivía un pequeño ratón llamado Rizo. A Rizo le encantaba el arroz, tanto que todos los días buscaba un nuevo arrozal para deleitarse con su sabor. Sin embargo, su amor por el arroz se convirtió en una obsesión.
Los animales de la selva pronto se dieron cuenta de que algo extraño estaba sucediendo. La tortuga Tata, el perezoso Lalo y la ardilla Susi se reunieron.
—Rizo se ha vuelto loco por el arroz —dijo Tata, mientras se asomaba detrás de una hoja.
—¡No puede ser! —exclamó Lalo, su voz llena de preocupación—. ¡Esa es nuestra comida!
Susi, siempre ingeniosa, propuso un plan.
—Necesitamos hacer que Rizo se dé cuenta de lo que está haciendo. ¡Vamos a hacer una trampa de arroz!
Y así, los tres amigos comenzaron a preparar una trampa. Colocaron montones de arroz, formando un camino que llevaba a un gran árbol. La idea era atraer a Rizo hacia allí, para hablar con él.
Cuando Rizo llegó, sus ojos brillaron al ver tanto arroz.
—¡Qué delicioso! —gritó emocionado, y comenzó a comer sin parar.
Cuando había agotado la montaña de arroz, Tata, Lalo y Susi se acercaron un poco tímidos.
—Rizo, amigo —dijo Lalo—. Sabemos que te encanta el arroz, pero no puedes comértelo todo. ¡Es nuestra comida también!
Pero Rizo, con la pancita llena y los ojos soñolientos, les respondió:
—¡Lo siento, amigos! El arroz es tan rico, no puedo resistirme.
Tata, con su sabiduría, explicó:
—Rizo, no se trata de resistirse, sino de compartir. Si tú comes todo, nosotros no tendremos nada. La selva es grande, y hay suficiente arroz para todos. Pero necesitamos cuidarlo y compartirlo.
Susi agregó:
—Podemos hacer un gran festín de arroz todos juntos. Si trabajamos en equipo, ¡podremos disfrutarlo!
Rizo, tocado por las palabras de sus amigos, se dio cuenta de que su amor por el arroz había causado problemas. Así que decidió cambiar.
—Está bien, amigos. Les prometo que no comeré más arroz a solas. Haré todo lo posible para compartir y celebrar juntos.
Al día siguiente, Rizo invitó a todos los animales de la selva a un gran festival del arroz. Todos trajeron sus especialidades y prepararon platillos deliciosos. Había arroz con plátano, risotto de frutas y hasta flan de arroz.
La selva se llenó de risas y alegría. Rizo aprendió que la verdadera felicidad está en compartir con los demás. Desde aquel día, nunca dejó de amar el arroz, pero siempre se aseguró de que todos tuvieran una parte, y así, todos vivieron felices en la selva.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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